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Si una persona presenta confusión de forma repentina, solicite ayuda médica de inmediato. En el Reino Unido, llame al 999 o acuda a un servicio de urgencias; en otros países, utilice el número local de emergencias. No permita que la persona conduzca ni espere a realizar una prueba de memoria. Un cambio repentino requiere evaluación incluso si la persona ya tiene demencia u otro diagnóstico. Si es seguro, permanezca cerca y hable con calma mientras se solicita ayuda. Esta página explica en qué puede consistir el delirium o síndrome confusional agudo, pero no permite identificar la causa ni sustituye la atención médica urgente.
Los cambios respecto al estado habitual son importantes
La confusión repentina puede manifestarse como dificultad para seguir una conversación, saber dónde se está, reconocer a personas conocidas o pensar con claridad. Puede parecer que la persona no es la de siempre. Alguien de su entorno que conozca su estado habitual puede aportar información valiosa, pero no debe esperar a registrar todos los cambios antes de solicitar ayuda. No es necesario reconocer primero un diagnóstico concreto.
Las recomendaciones del NHS indican que la confusión repentina requiere una evaluación médica inmediata. Explique cuándo se advirtió el cambio por primera vez y qué es diferente, e indique si no tiene certeza sobre cuándo comenzó. Si la persona ya se encuentra en un hospital o centro asistencial, avise al personal cuanto antes, en lugar de dar por hecho que ya han observado el cambio o que es algo esperable.
Qué es el delirium
El delirium es una alteración aguda de la atención, la conciencia y el pensamiento, asociada a una causa médica subyacente o a una combinación de causas. Puede aparecer en poco tiempo y fluctuar a lo largo del día. La persona puede parecer más lúcida en un momento y estar más confusa después. Una mejoría breve no debe llevar a concluir que la evaluación médica ya no es necesaria.
El Royal College of Psychiatrists describe el delirium y sus efectos sobre el pensamiento y la percepción. No se trata simplemente de un problema de conducta o de falta de colaboración. La persona puede no ser capaz de comprender correctamente lo que ocurre, algo que puede resultar angustiante tanto para ella como para quienes intentan ayudarla.
La menor actividad y la somnolencia pueden pasar desapercibidas
No todas las personas con delirium están inquietas o visiblemente agitadas. Algunas se muestran inusualmente calladas, retraídas, somnolientas o lentas al responder. Estos cambios pueden confundirse con cansancio o mejoría porque la persona requiere menos atención. Lo importante es el cambio respecto a su estado habitual, no si hace ruido o molesta a los demás.
NICE destaca la importancia de reconocer el delirium hipoactivo, en el que predomina una menor actividad. Informe a un profesional si aparece somnolencia, menor interacción o dificultad para concentrarse, especialmente si el cambio es brusco. No dé por hecho que dejar dormir a la persona resolverá un cambio agudo de causa desconocida ni que solo la agitación es motivo de preocupación.
Puede haber varias causas posibles
Una infección, los efectos de los medicamentos, la abstinencia, las alteraciones bioquímicas de la sangre, una lesión u otra enfermedad pueden contribuir al cuadro. Pueden concurrir varios factores a la vez. Las pruebas necesarias dependen de la situación clínica, por lo que no debe suponerse que una explicación conocida, como una infección previa, sea la causa del episodio actual.
Facilite directamente al equipo que atiende a la persona la información relevante sobre enfermedades recientes, cambios en el tratamiento u otros síntomas. Puede ser necesario observar su estado, explorarla y realizar pruebas para comprender la causa. No inicie ni suspenda medicamentos, no utilice medicación recetada a otra persona ni administre alcohol para intentar calmar la confusión. La prioridad es una evaluación médica adecuada, no poner a prueba una hipótesis en casa.
El delirium y la demencia son distintos, pero pueden coexistir
La demencia suele tener una evolución más gradual, mientras que el delirium supone un cambio agudo. Una persona con demencia también puede desarrollar delirium. Por tanto, la aparición de confusión no debe descartarse como un simple empeoramiento de la enfermedad existente. Los profesionales necesitan información sobre la comunicación, la memoria, la actividad y las necesidades de apoyo habituales de la persona para reconocer la diferencia.
Cambridge University Hospitals explica la diferencia y la posibilidad de que ambas afecciones estén presentes. Una persona de su entorno puede describir qué era capaz de hacer habitualmente y con qué rapidez se produjeron los cambios. Esto es más útil que intentar distinguir ambos cuadros mediante un cuestionario de memoria en casa o basándose únicamente en la edad.
Las percepciones inusuales pueden formar parte de la experiencia
La persona puede interpretar de forma errónea su entorno o describir cosas que los demás no perciben. Puede sentir miedo o desconfianza porque no encuentra sentido a lo que ocurre. Estas experiencias deben comunicarse al equipo clínico sin asumir que demuestran la existencia de un trastorno psiquiátrico de larga evolución. Si aparecen de forma repentina, es necesario considerar posibles causas médicas.
Mientras se solicita ayuda, utilice un tono tranquilo y explicaciones sencillas, siempre que sea seguro permanecer cerca. Evite las discusiones prolongadas sobre qué es real y no ponga a prueba repetidamente la memoria de la persona. Puede reconocer que la experiencia parece aterradora sin confirmar una creencia falsa. Si la situación pone a alguien en peligro, dé prioridad a la seguridad y siga las instrucciones de los servicios de emergencias.
Las personas de su entorno pueden ayudar sin realizar una exploración
Alguien conocido puede aportar tranquilidad y explicar quién es y dónde se encuentra la persona. Mantenga una comunicación sencilla y evite que varias personas hagan preguntas a la vez. Las gafas o los audífonos pueden ser útiles si la persona los utiliza habitualmente y están disponibles, pero no retrase la atención urgente para ir a buscarlos. El equipo clínico puede orientar sobre el apoyo más adecuado.
No inmovilice físicamente a la persona ni le administre productos sedantes sin indicación profesional. Si no es seguro permanecer cerca, póngase a salvo e informe a los profesionales que acudan. No debe esperarse que alguien de su entorno maneje por sí solo una confusión grave. Su función es ayudar a contactar con los servicios sanitarios, compartir lo observado y colaborar dentro de unos límites seguros mientras los profesionales evalúan la situación.
El tratamiento busca abordar las causas y favorecer la recuperación
El equipo clínico debe identificar y abordar la causa o las causas que contribuyen al cuadro, a la vez que atiende las necesidades inmediatas de la persona. El plan puede requerir la participación de varios profesionales y revisiones sucesivas. Una habitación tranquila o una conversación que transmita calma pueden ayudar, pero ninguna sustituye el tratamiento de la enfermedad subyacente. La sedación por sí sola no explica el cuadro ni constituye un plan de tratamiento completo.
Pregunte quién coordina la atención, qué se ha identificado y qué aspectos siguen sin estar claros. Si en ese momento la persona no puede comprender bien la información, el equipo debe seguir comunicándose con respeto y explicar cómo pueden ayudar adecuadamente las personas de su entorno. El plan de atención debe tener en cuenta sus capacidades y preferencias habituales, en lugar de considerar el episodio como su estado permanente.
La recuperación puede llevar tiempo y requiere seguimiento
La evolución varía según la causa, la gravedad y el estado de salud de la persona. Algunos síntomas pueden mejorar antes de que la concentración o la capacidad para desenvolverse en el día a día vuelvan al nivel habitual. Guy’s and St Thomas’ aborda las dificultades que pueden persistir tras un episodio. No debe prometerse una fecha concreta de recuperación basándose en una página web o en una observación breve.
Pregunte qué seguimiento es necesario y qué cambios requieren una nueva evaluación. La persona puede necesitar ayuda con las actividades cotidianas o una explicación de lo ocurrido cuando pueda hablar de ello. Un nuevo empeoramiento no debe dejarse pasar simplemente porque ya haya habido un episodio de delirium. Contacte con el servicio médico adecuado si los síntomas cambian o si el plan de recuperación no puede llevarse a cabo.
Recurra a la atención adecuada, no a una prueba en línea
La guía complementaria sobre tratamiento explica la atención en términos generales, y la página de evaluación ofrece preguntas opcionales para las personas de apoyo una vez que se ha solicitado ayuda médica. Ninguna de las dos diagnostica el delirium, mide las capacidades cognitivas ni envía una alerta. La información urgente debe comunicarse directamente a los profesionales; rellenar una hoja de trabajo en la web no significa que se haya recibido una evaluación.
Si la confusión es repentina, deje de leer y solicite ayuda médica inmediata. Si los cambios de memoria son graduales y no repentinos, solicite una cita médica adecuada en lugar de utilizar este artículo para diagnosticar demencia. Esta distinción ayuda a determinar la urgencia de la consulta, pero los cambios bruscos o cuya evolución no esté clara deben comentarse cuanto antes con un profesional, no clasificarse mediante un cuestionario en casa.
Preguntas frecuentes
¿La confusión repentina es siempre una urgencia médica?
Un cambio repentino requiere una evaluación médica inmediata porque puede tener causas graves. Contacte con los servicios de emergencias de su zona o acuda al servicio de urgencias correspondiente. No espere a realizar una prueba de memoria en casa, a disponer de una lista completa de síntomas ni a tener la certeza de que la causa es el delirium.
¿Puede el delirium hacer que una persona esté más callada en lugar de agitada?
Sí. La persona puede mostrarse retraída, somnolienta o lenta al responder. Estos cambios pueden pasar desapercibidos porque resultan menos llamativos. Comunique cuanto antes cualquier cambio respecto a su estado habitual, en lugar de asumir que estar más callada significa que se está recuperando o que solo está cansada.
¿Y si la persona ya tiene demencia?
También puede desarrollar delirium u otra enfermedad aguda. La aparición de confusión o su empeoramiento repentino no deben atribuirse automáticamente a la demencia. Explique a los profesionales cuál es su estado habitual y con qué rapidez se produjo el cambio para que puedan evaluar la situación actual.
¿Debo comprobar su memoria repetidamente mientras esperamos?
No. Evite las preguntas repetidas y las discusiones. Si es seguro, transmita tranquilidad y ofrezca información sencilla mientras sigue las indicaciones de los servicios de emergencias. El equipo clínico puede realizar una evaluación adecuada; no es necesario que una persona de su entorno administre una prueba cognitiva antes de solicitar ayuda.
¿Puedo darle un somnífero para que se calme?
No administre medicación sedante no prescrita ni dosis adicionales para manejar una confusión de causa desconocida. Los medicamentos pueden contribuir al problema y requieren revisión clínica. Solicite ayuda médica y siga las instrucciones del equipo que atiende a la persona, en lugar de intentar que se duerma.
¿La recuperación será inmediata al empezar el tratamiento?
No necesariamente. La recuperación varía y algunas dificultades pueden persistir después de tratar el problema subyacente. Pregunte por el seguimiento y las necesidades de apoyo. Los síntomas nuevos o que empeoran requieren una revisión médica, en lugar de asumir que cualquier cambio forma parte del periodo de recuperación esperado.
Recursos y referencias
[2] Royal College of Psychiatrists: Delirium
[3] NICE: Reconocimiento y manejo del delirium